EL GUASÓN Y YO -este texto está lleno de “spoilers”, si lo leen antes de ver la película, no me jodan después-


¿Cuánto tiene que pasar un ser humano para llegar al punto del que no hay retorno?
Estamos claros en que esto no es más que otra película magistralmente actuada. Con un guion que se queda corto en relación con la vida, hace que el espectador transite por cada experiencia que le sucede a Arthur como por un tobogán infinito de agua: pensando que a cada momento va a llegar el final, pero sin llegar nunca, aunque siempre siente que se ahoga.

En relación directa con la película, algunas cosas dejan dudas: ¿la reacción de Arthur en el tren se debe a la chica siendo molestada o a él? Se podría decir que les disparó porque se estaban burlando de él y ya, pero en realidad su risa reaccionaria -relacionada con su padecimiento- inició porque sintió una tremenda frustración al ver lo que pasaba y no hacer nada, no poder hacer nada, no animarse a hacer nada. ¿Por qué no mató también al payaso que tenía enanismo? Esto le da al Guasón un guiño de humanidad. En realidad sus reacciones no son solo en contra de los que más tienen, sino en contra de quien abusa de su condición o la de otros. De igual manera queda la duda de si realmente Thomas Wayne era su padre, al fin de cuentas era un hombre poderoso que pudo haber manipulado todo para ingresar a Penny en el hospital con las condiciones y la documentación que después descubrió Arthur.
Y sobre este mismo tema, las escenas de baile. Cuando baila, es cuando Arthur se transforma en quien quiere ser, sus movimientos transportan a la libertad en su cuerpo que no logra encontrar cuando camina, cuando sale a escena, cuando lidia con la vida. Es también a través del baile que se afianza en ese nuevo yo que abandona los miedos, es su escena triunfal, es la expresión que muestra la saciedad que siente ante lo que hizo o lo que sabe que hará.

Tres escenas en particular:
https://www.youtube.com/watch?v=SbeZB1ZEquM – El baile en el baño- Arthur entra y cierra la puerta con apuro, pareciera estar digiriendo lo que acaba de hacer, ese bocadillo de placer y poder que le dio acabar con sus molestadores, con los molestadores de la chica, con esos molestadores. Cierra la puerta e inicia el baile con un paso de su pie derecho, un paso que lo conduce a otro y otro movimiento de su cuerpo y de sus manos, como un flamenco retorcido y oscuro que se desarrolla en cámara lenta y finaliza con los brazos abiertos, ahí recibe al Guasón, ahí le da la bienvenida.

https://www.youtube.com/watch?v=BGDm4cq3m9c – El baile en la escalera- En este baile de triunfo y plenitud, ya no se ve a Arthur, este baile es la transformación en El Guasón. Después de asesinar a su madre (asumiendo como cierto algo que bien pudo ser un montaje del poderoso Wayne) y de acabar brutalmente con la vida del compañero de trabajo que le tendió una trampa, Arthur se transforma en el Guasón, aquí es donde adquiere esa apariencia física del payaso de pelo verde; pero es también aquí en donde asume su nueva identidad y eso sucede durante este baile de aceptación de su nuevo ser, en el que finalmente sonríe con la boca llena y con todo el lenguaje corporal con el que asume su nuevo poder.

https://www.youtube.com/watch?v=UmwNO37WoEw – La entrada al show de Murray- Este es El Guasón, minutos antes escuchaba la reproducción del video en el que Murray se burla de su trabajo de comediante y entonces entra con su coreografía ensayada y ebrio de seguridad y confianza. Arthur se quedó en la casa y quien entra al espectáculo es un renacido, no teme al público, más bien lo reta. Detrás de la cortina, en el momento previo a su entrada, El Guasón baila, y ese baile hace pensar en la muda de una serpiente, con sus movimientos se deshace de aquello que lo cubre y queda lo que eligió ser, gira en sí mismo como sacándose un saco, un peso, un algo que le estorba y que ya no necesita. Esta es ya la aceptación total de su transformación en una especie de dios de la justicia propia, que inspira a cada uno hacia ese mismo objetivo.

Pero todo esto es solo sobre los detalles del guion de la película.
Más allá de esos destellos de información manipulada entonces vienen las preguntas más complicadas: ¿Qué hace que una persona reaccione de una manera u otra a la incertidumbre, la pena, el rechazo de lo que se supone le haría feliz, o plena?, ¿cómo se repone una persona a un espacio de tiempo lleno de puñaladas al hígado y al corazón?, ¿qué requiere una persona para no dejarse llevar por todo lo malo que siente contra su vida?

¿Cuántos años tendrá Arthur?, ¿cuarenta?, ¿cómo vivió todos los años anteriores?, ¿qué lo sostuvo?, ¿su asidero era su madre, su terapeuta, el medicamento, su trabajo, o eran todas esas cosas?
Arthur, que no es El Guasón, me pareció un tipo trastornado, pero más bien ingenuo, con cierto dejo de nobleza que lo mantenía a raya en su propia locura, por eso deja ir a Gary, el payaso con enanismo, su ira no era con él, quien tal vez, al fin y al cabo, sufría situaciones semejantes.

Pareciera poco posible que tanta cosa junta le suceda a alguien: el ataque de los niños, el cierre de la oficina de atención, la falta de acceso a su medicamento, el “compañero” que le da el arma y luego lo acusa, la burla constante, el ataque en el tren, la enfermedad de su madre, el derrumbe de la figura de su madre… ¿por cuánto puede pasar una persona en ese corto período de tiempo?, ¿cuánto es capaz de soportar alguien que no ha recibido las herramientas para aguantar estas experiencias?, ¿quién ha recibido ese tipo de herramientas para afrontar ciertas cosas de la vida?

A mí esta película me deja simplemente llena de preguntas. No me espanta la reacción de este hombre agobiado, enfermo, dejado y maltratado, no me espanta. Lo que sí me espanta es una sociedad y un sistema que no logra ver más allá de lo que está a simple vista. Me espanta una red de “amistades” o contactos que no son soporte, sino tropiezo. Me espanta pensar que nadie fue capaz de entender el estado de este hombre lleno de frustración, desesperanza y miedo, que la gente que tenía cerca no hizo más que meterle palos a un fuego que ya era suficiente.

En un período de tiempo como éste, yo también podría ser El Guasón, cualquiera de nosotros podría serlo: una persona que se ahoga entre lo cruel, impreciso y absurdo del sistema y las vueltas y el caos en los que ha caído su propia vida. Algunos golpes intensos no provienen de patadas y no siempre las balas salen de pistolas.

Arthur es un espectador de su propia vida, no tiene forma de darle trámite, no puede hacer nada para guiarla; pero El Guasón sí, se convierte en su propio dios y así en el dios de todas las personas que se sienten como él. Por eso baila, porque Arthur baila cuando se siente bien, cuando las cosas funcionan en su mente de la manera que él las quiere, cuando cada uno recibe lo que merece. Por eso baila y también por eso se pinta una sonrisa en la cara.